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La solidaridad no será delito en la nueva Nicaragua

Las estructuras territoriales de la Alianza iniciamos una colecta para ayudar a los afectados del huracán Eta. Recogimos entre los vecinos, pobladores de las ciudades y distritos de Managua una buena cantidad de ropa, zapatos, comida, víveres, ayuda en general. Nos motivó la solidaridad y el sufrimiento de nuestros hermanos en la Costa, donde además tenemos miembros de la Alianza que fueron afectados en sus viviendas.

Fue conmovedor ver gente sencilla, ellos mismos con problemas económicos, desprenderse de cosas que saben son necesarias en la Costa en estos momentos. Fueron empacando y rotulando con lo que había dentro: “ropa de niña de 3 años” “zapatos de niño de 11 con frazadas” para facilitar la distribución.

Cuando ya teníamos una razonable cantidad, planificamos ir a entregar las donaciones a un centro de acopio de la Unidad Médica Nicaragüense, también miembro de la Alianza. No se había terminado de anunciar la existencia de este centro de acopio cuando la policía orteguista ya había rodeado las instalaciones. Ahora es prohibido ayudar. La crueldad ya ha llegado a su máxima expresión. Impedir la solidaridad, cuando por su lado se llenan la boca de palabras de supuesto amor y solidaridad. Este es el supuesto amor que quieren inculcar, frente a un supuesto odio de nuestra parte.

Ya lleva la Policía mes y medio asediándome y siguiéndome a todo lugar donde voy. Antes que me retuvieran en ruta a Masaya y me regresaran en la patrulla a mi casa, me siguieron en las reuniones que lograba sostener en los departamentos. En total, contados en el odómetro de mi camioneta, me han seguido mil setecientos kilómetros, sin contar los kilómetros dentro de Managua. Se han desplazado permanentemente al menos cinco oficiales en cada gira de trabajo que hago. Cuando fui a realizar una gestión personal la semana pasada, me siguieron 15 oficiales en dos camionetas y tres motos, todos ellos fuertemente armados.

En las reuniones de las pasadas semanas con los líderes de la AC de los territorios el despliegue ha sido excesivo. Escogimos un lugar que ya hoy tuvo que cerrar. A ese lugar llegaban en ocasiones seis camionetas, agentes antimotines fuertemente armados y unas seis motos de paramilitares. Todo lo anterior documentado y en ruta a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. Me reuní con un grupo en Rivas y a los minutos llegaron de civil al sitio de la reunión, un café céntrico. Se sentaron al lado para documentar con quien estaba. Son muy fáciles de reconocer por sus gorras, chaquetas y el comportamiento típico de espía del régimen. Les hago ver que sé que están ahí, los señalo y les veo la cara para que sepan que sé que ahí están.

El desperdicio de recursos es inmenso. No me he puesto a calcular los costos de este asedio sin sentido, pero seguramente hubieran sido mejor empleados en la prevención del delito en lugares plagados por la criminalidad. Esos galones de combustible y horas de oficiales policiales deberían de invertirse en la seguridad de los barrios, manteniendo a raya a delincuentes, que andan por la libre, más aún después de la reciente excarcelación de miles de delincuentes comunes.

La estrategia de la dictadura es clara, intentan minimizar a capacidad de movilización de la oposición para hacerla lucir mal, según ellos. Lo que están haciendo con la crisis del huracán Eta es otra muestra de esta estrategia.

El dictador, ya en campaña, anda viendo como impedir que las fuerzas democráticas puedan hacer su labor, mientras se llena la boca diciendo que van a contrarrestar el odio con amor. El es quien representa el odio, el odio que disparó contra los jóvenes que se manifestaban por la libertad que seguro va a reinar pronto en Nicaragua y el odio que ahora le niega a nicaragüenses sufridos en estos momentos de angustia y necesidades.

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Por Juan Sebastian Chamorro

Político y economista comprometido con el desarrollo y el futuro de Nicaragua. Académico visitante en políticas públicas en el Kellogg Institute de la Universidad de Notre Dame. Miembro del Directorio Político de la Concertación Democrática Nicaragüense Monteverde. Activista por la defensa de los Derechos Humanos y la Democracia. Preso Político de junio 2021 a febrero 2023. Precandidato a la Presidencia de la República. Director Ejecutivo de la Alianza Cívica por la Justicia y la Democracia del 2019 a enero del 2021 y Director Ejecutivo de la Fundación Nicaragüense para el Desarrollo Económico y Social FUNIDES. Director Ejecutivo de Macesa, Director General de la Cuenta Reto del Milenio, Vice Ministro de Hacienda y Crédito Público, Secretario Técnico de la Presidencia de la República y Director del Sistema Nacional de Inversiones Públicas.
Doctor (Ph.D) en Economía por la Universidad de Wisconsin-Madison, con especialidad en Econometría y Desarrollo Económico, Máster en Economía por la Universidad de Georgetown con mención especial en Políticas Sociales y Licenciado en Economía (graduado Magna Cum Laude) por la Universidad de San Francisco, California. Casado con Victoria Cárdenas y padre de Victoria Isabel.

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