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La unión es la solución

Cada vez que leo los medios de comunicación o las redes sociales veo que la unidad de la oposición se ha convertido en uno de los principales temas de discusión, análisis e incluso de acalorados debates.  Políticos nacionales y extranjeros, analistas, editorialistas, opositores nicaragüenses y demás, aseguran que la “tan ansiada unidad” es todavía un objetivo lejano, incluso algunos enfatizan que es inalcanzable.  En medio de la polémica, la mayoría concordamos en que, sin ella es imposible salir del dictador Ortega.

El énfasis de la discusión se ha centrado en el hecho de que debemos unirnos y aparecer todos juntos, con un mismo discurso.  Reconozco que eso en necesario, pero también sé que no es suficiente, necesitamos más.  Conformarse con eso sería creer que la unidad en sí misma acabará con la dictadura, y considero que ese es un razonamiento muy sencillo y lejano de la realidad.

Antes de concretar esa unión, que estoy convencido es fundamental, hay que estar claros de: para qué queremos la unidad y cómo debemos construirla.

La unión no debe construirse repitiendo errores pasados.  La Coalición Nacional, que comenzó con un inspirador evento realizado en Managua en enero de 2020, sentó a la mesa a diversos liderazgos.  A mí como a muchos, ese evento nos llenó de mucha ilusión, creí que caminábamos por buen camino.

Lamentablemente, en poco tiempo caímos en un debate típico de las organizaciones políticas: cuál sería la cuota de poder de cada organización.  En cuestión de meses, la Coalición se fragmentó y evidentemente la población se desilusionó con un proceso que resaltó más nuestras diferencias que nuestras afinidades.

Pasó el tiempo, pero las diferencias siguen estando ahí y si las asumimos y las abrazamos no deberían ser el problema.  Somos un amplio y variopinto movimiento democrático con un objetivo común: acabar con la dictadura. Por tanto, las diferencias deben aprovecharse como prueba del generalizado rechazo al régimen.  Entonces, por muy bonito que parezca, no es conveniente meter a la enorme pluralidad que conforma este pueblo azul y blanco, en una caja con una marca nueva y única.

En las actuales circunstancias las condiciones para la unidad en la pluralidad son propicias. Entre la mayoría de la dirigencia opositora hay mayor madurez y la ausencia de una precampaña electoral relega la discusión y los debates a un segundo plano. Y más importante que lo anterior, es que la unión debe construirse en respuesta al despiadado curso que sigue tomando la estrategia represiva de Ortega, que diariamente suma más represión, presos políticos y destierros.

Debemos tomar en cuenta las acciones que Ortega puede promover en el futuro, y tener presente que, siendo un dictador capaz de todo, aún nos falta ver lo peor de él.  El dictador posee dos ejércitos, uno literal conformado por los guardias, policías y paramilitares y otro que incluye a los fanáticos orteguistas que persiguen y acosan a todo el que consideren opositor.  Posee además un comando de troles cibernéticos que debemos contrarrestar.  Por tanto, tenemos que cohesionar nuestro propio cuerpo cívico, pero eso solo lo lograremos uniendo fuerzas.

La unión debe consolidarse reconociendo nuestras diferencias y concentrándonos en el objetivo común de acabar con la dictadura a través de una lucha cívica, no violenta y democrática.  Que cada organización asuma un mensaje unificador con entre cinco y diez puntos que giren alrededor del objetivo común.  Debemos establecer una estrategia común que guie las acciones a nivel interno y externo.

A nivel externo, considero que hay consenso en que el trabajo con la comunidad internacional debe enfocarse en cuatro objetivos: búsqueda de verdad y justicia, aislamiento del régimen, libertad para los presos y sanciones para la dictadura.  A lo interno, se deben ejecutar acciones que desafíen al régimen, pero anteponiendo la seguridad de los involucrados para evitar que siga creciendo la lista de presos y desterrados políticos. También se debe desarrollar una estrategia comunicacional que mantenga informado al pueblo de las atrocidades de Ortega y de lo que se puede hacer para acabar con la dictadura.

Por tanto, la unión debe ser en la acción ejecutando una estrategia consensuada, que reconozca la pluralidad y fije sus objetivos en la meta que nos une. Debe tener representantes y portavoces creíbles y variados y, sobre todo, que transmitan el mismo mensaje unificador.  Debe tener más énfasis en el cómo y el para qué y no simplemente en el hecho de estar juntos metidos en una caja con una marca nueva, ya que por muy bonita que parezca, una marca nueva no acabará con la dictadura.

Que el sufrimiento que hemos acumulado en estos cinco años de lucha nos guíe hacia la unión. Pero que también nos ayude a determinar para qué queremos esa unidad y nos inspire para encontrar la estrategia correcta para construirla.

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Por Juan Sebastian Chamorro

Político y economista comprometido con el desarrollo y el futuro de Nicaragua. Académico visitante en políticas públicas en el Kellogg Institute de la Universidad de Notre Dame. Miembro del Directorio Político de la Concertación Democrática Nicaragüense Monteverde. Activista por la defensa de los Derechos Humanos y la Democracia. Preso Político de junio 2021 a febrero 2023. Precandidato a la Presidencia de la República. Director Ejecutivo de la Alianza Cívica por la Justicia y la Democracia del 2019 a enero del 2021 y Director Ejecutivo de la Fundación Nicaragüense para el Desarrollo Económico y Social FUNIDES. Director Ejecutivo de Macesa, Director General de la Cuenta Reto del Milenio, Vice Ministro de Hacienda y Crédito Público, Secretario Técnico de la Presidencia de la República y Director del Sistema Nacional de Inversiones Públicas.
Doctor (Ph.D) en Economía por la Universidad de Wisconsin-Madison, con especialidad en Econometría y Desarrollo Económico, Máster en Economía por la Universidad de Georgetown con mención especial en Políticas Sociales y Licenciado en Economía (graduado Magna Cum Laude) por la Universidad de San Francisco, California. Casado con Victoria Cárdenas y padre de Victoria Isabel.

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