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Transformación productiva del país, el caso del sector forestal

Mientras regaba mi pequeño vivero forestal de cedros reales –que se desarrolló durante la pandemia y dentro de poco sembraré–, recordé como me metí a esto de sembrar árboles.  En la navidad de 1999 les regalé a mis amigos más cercanos pequeñas ceibas de meses de edad. Conservé unas cuantas y las sembré; ahora disfruto al verlas convertidas en unos hermosísimos árboles. Con 21 años, aún son jóvenes, erguidos, con elegantes espinas y un color verde tierno que se irá tornando gris en la madurez. La ceiba más grande mide 30 pies de alto y su hermoso tronco 7 pies de circunferencia.

Si en aquella época hubiera sembrado teca, hoy ese árbol me estaría dando medio metro cúbico de madera preciosa. Al precio actual en el mercado internacional serían casi trescientos dólares, por un solo árbol. Así que, entre los cinco que hubiera sembrado tendría el equivalente a una cuenta de ahorros de mil quinientos dólares. Nada despreciable la inversión, ya que no gasté nada en ellos.  Suerte que sembré ceibos y no tecas. De haberlo hecho, ahora estaría en el dilema de si me los vuelo para vender la madera.

Cuando pienso en lo difícil que es decidir cortar un árbol que prácticamente ha crecido con uno, recuerdo a mi amigo Christian Fedlmeier. Hace algunos años, mientras recorríamos el bosque natural Spessart, en Alemania, él que es especialista forestal y en ese momento jefe de la cooperación alemana me dijo algo sobre el aprovechamiento de los bosques, que siempre tengo presente.

Durante la caminata nos detuvimos frente a un centenario y hermoso roble, que unas personas medían y le pasaban un detector de metales.  Me dijo que hacían eso porque el árbol iba a ser cortado.

Sembrar para que otros cosechen

Ante mi asombro, me explicó que por siglos así ha funcionado ese bosque. Aprovechando los arboles adultos para darle espacio a los jóvenes.  El detector de metales era para determinar la presencia de fragmentos de bombas de la Segunda Guerra Mundial. De tenerlos, la madera no serviría de mucho.

Christian me explicó que debido al lento crecimiento de los bosques en esos climas tan fríos; los alemanes siembran un árbol para que sus nietos lo cosechen. En cambio en Nicaragua, uno puede establecer una plantación forestal y cosecharla en el curso de tu propia vida.

Tal como lo decía mi amigo, este potencial forestal hay que aprovecharlo. Como te he venido contando en entregas anteriores, un Plan de País requiere la búsqueda de actividades o industrias que se puedan desarrollar y generar empleos. La diversificación productiva que Nicaragua necesita debe basarse en tres condiciones:

  1. Potencial para producir el producto elegido  
  2. Demanda internacional sostenida de ese producto y
  3. Que genere valor agregado y empleos de calidad

El potencial forestal que tiene Nicaragua está más que demostrado. Mis ceibas son prueba de ello.  Sin embargo, que los árboles crezcan rápido no significa que sea negocio.  Para que generen empleo y valor agregado, hay que transformar esa madera en productos terminados, en lugar de exportar la madera en rollo, como ha sido la tradición.

A diferencia de lo que ocurre con la mayoría de productos agropecuarios, cuyos precios son volátiles, el de la madera ha mantenido un crecimiento de entre 3 y 4 por ciento anual. Además, las proyecciones indican que el crecimiento de la demanda de productos forestales sostenibles, se mantendrá en las próximas décadas, no obstante el crecimiento de plantaciones en mundo.

En relación a la transformación y el valor agregado, la madera tiene mucho que ofrecer.  Es aquí donde está el verdadero negocio y el potencial para generar empleos y valor agregado.  Desde la fabricación de puertas, ventanas, paneles, muebles, tableros, perfiles, plywood, piezas finas, artesanías, juguetes, adornos, obras de arte y hasta casas prefabricadas.  Hay subproductos como la resina, tintes y extractos químicos.  Todos ellos, en particular los más elaborados, requieren de mano de obra intensiva y calificada.

Plantaciones benefician al ambiente

Además, el establecimiento de plantaciones forestales contribuye al secuestro de carbono. Esto ayuda a reducir los efectos del calentamiento global.  Esto podría atraer fondos al país a través de los Bonos de Carbono, que recompensan estos beneficios ambientales.

Otra ventaja es que las plantaciones forestales le quitan presión a los bosques naturales. Por ejemplo, las establecidas por la Cuenta Reto del Milenio, que sembró aproximadamente un millón y medio de arboles, generó efectos positivos sobre el ambiente. Ya que redujo la extracción de leña de los manglares de las costas de León y Chinandega.

Tan importante como las plantaciones forestales comerciales, está la forestería comunitaria.  Estas son como las pymes del sector forestal y pueden generar ingresos a familias pobres.  Estas iniciativas son muy eficaces en resolver problemas ambientales locales como la erosión y la protección de fuentes de agua en las comunidades.  A estos esfuerzos es importante dedicarles recursos económicos y asistencia técnica.

Tecas mombacho

A estos beneficios, los economistas les llamamos, “externalidades ambientales positivas”. Ellos, justifican la aplicación de incentivos fiscales para el establecimiento de dichas plantaciones. 

Beneficios justifican incentivos

En el 2003, producto del Plan Nacional de Desarrollo, se promulgó la Ley 462 de Conservación, Fomento y Desarrollo Sostenible del Sector Forestal.  Esta ley otorgaba beneficios fiscales a empresas o personas que invirtieran en plantaciones.  Podían descontar hasta el 50 % de su Impuesto sobre la Renta (IR) si demostraban que estos fondos iban a la reforestación. También fomentaba la importación de maquinaria requerida para la segunda y tercera transformación, para evitar que la madera se exportara en troncos, sin valor agregado.

El ambiente propicio para el establecimiento de plantaciones forestales tuvo su efecto. El fondo de pensiones de una de las universidades más prestigiosas de Estados Unidos estableció plantaciones de teca en varias zonas del Pacífico de Nicaragua y actualmente es el principal reforestador del país.

En total, se han establecido más de 32 mil hectáreas de plantaciones forestales de las cuales 9 mil son de conservación.  Esta es una superficie grande con respecto al área absoluta sembrada. Pero aún es muy poco si se toma en cuenta el enorme potencial forestal que tiene Nicaragua.

Inversiones de largo plazo

Lamentablemente, la dictadura reformó la ley de incentivos. Ahora es prácticamente imposible que los beneficios se materialicen en inversiones. Esto frenó la expansión de las plantaciones forestales. Tampoco se establecieron empresas de transformación; salvo algunas excepciones, que están luchando por mantenerse ante la competencia mundial.

Que se hayan sembrado 32 mil hectáreas de plantaciones es positivo. Pero a la vez, es muy preocupante que la industria de transformación no esté avanzando.  Entre los próximos diez y quince años toda la madera de esas plantaciones forestales deberá ser aprovechada. Y sería una tragedia, que en lugar de productos de alto valor la vendamos en rollo, para que sea transformada en otros países.  Sin una estrategia o plan claro para este sector, corremos el riesgo de seguir con el histórico problema de exportar materias primas. Que no generan los empleos de calidad ni el valor agregado que tanto necesitamos.

Las plantaciones forestales son inversiones de largo plazo.  Estas se hacen prácticamente imposible desarrollarlas en un ambiente como el actual, de inestabilidad y violación a los derechos humanos y de propiedad por parte de Ortega, este último derecho es clave para el desarrollo de inversiones a largo plazo.  Peor aún, la ausencia de leyes de protección y el irrespeto a la institucionalidad, están acabando con Indio Maíz y Bosawás, que son las principales reservas naturales del país.  Esta ausencia de leyes y corrupción está generando despale indiscriminado y el tráfico de madera ilegal.

Urge cambiar de rumbo. Para que, tal como lo han hecho otras naciones, incluso sin nuestro potencial, transformemos nuestra matriz productiva. Porque solo así podremos desarrollarnos como país, impulsar industrias a partir de nuestras potencialidades y generar empleos de calidad, riqueza y prosperidad, para todos sin excepción. 

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3 respuestas a «Transformación productiva del país, el caso del sector forestal»

El potencial forestal de nuestra Patria es enorme como se entreve en este documento siempre que lo desarrollemos en forma cientifica, con vision de presente y de futuro, con desarrollo humano y transparencia. Desarrollar este potencial implica cambio completo en el manejo de nuestros bosques y suelos que han sido desvastados en detrimento de nuestros recursos maturales que son la energia del Pais. Los beneficios de un cambio se reflejan en este documento: desarrollo humano y productivo; recuperacion de recursos naturales degradados: secuestro de Carbon en la foresta; recupreracion de fuentes de agua que nos da vida; mas oxigeno en el aire; menos carbon y contaminacion en el aire de combustibles fosiles; sostenimiento economico de valores agregados; en resumen, mejor salud humana, y de nuestra naturaleza.
Adan N. Cajina
08/25/2020

Buen día, el trabajo con plantaciones es necesario, pero mientras no se quite la presión al bosque natural con una política país, el carbón y la leña ya no dejaran bosque seco, y mientra no se detenga la frontera agrícola y la ganadería extensiva, el bosque del trópico húmedo también ira desapareciendo . el gobierno central deberá incentivar el uso de la cocina a gas, con subsidios y consiguiendo fondos verdes para evitar la deforestacion en esas comunidades pobres que la leña y carbón es único método de sobre vivencia. Hay que hacer mas trabajo con la comunidades pobres que con los inversores forestales que pueden esperar años para cosechar las plantaciones , pero las comunidades necesitan diario cortar leña para comer.

saludos

Buenas Juan! Me parece un poco confuso referirse indistintamente a un bosque y a una platación forestal. Las plantaciones operan como monocultivos y tienden a generar desiertos verdes, zonas que están llenas de árboles de un solo tipo, sembradas para ser taladas. Los bosques son ecosistemas caracterizados por su diversidad. Al final, si el modelo de desarrollo es extensivo, las comunidades que viven cerca del bosque pueden seguir corriendo los mismos riesgos que enfrentan ahora de cara a la frontera agrícola. Desde mi perspectiva, la gestión del bosque debe hacerse de la mano con las comunidades y cuidando la sostenibilidad de la vida humana y del ambiente.

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