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Asunción, Paraguay y el sitio donde mataron a Somoza

Aprovechando la llegada a las 6 a.m. a Asunción, Paraguay, a propósito de la Asamblea General de la OEA, me tomé la tarea de visitar el sitio donde mataron a Somoza.

La única referencia que tenía era que el atentando había ocurrido en la intersección de la Avenida España con la calle América, no muy lejos del centro antiguo de Asunción.

Comencé indagando el asunto yendo a una barbería y platicar con el barbero, un joven de nombre Ricardo, muy amable y atento, pero desconocedor del tema de Somoza. Sólo me dijo que la intersección estaba a unos 10 minutos donde nos encontrábamos.

Tomé un Uber, que en Paraguay son extremadamente económicos. Un joven barbudo al volante me saludó secamente al entrar. Le dije que me dirigía al centro, que era recién llegado y turista.

“Si señor”, me dijo parco y le subió a su radio una melodía rapera que no entendía mucho, sólo una parte en la cual el vocalista repetía incesantemente la frase “Pinche gringo puñetero” o algo de esa naturaleza. Este Uber no me va a llevar a la tierra prometida pensé.

Le pregunté, mientras transitábamos la misma avenida España, dónde estaba la otra calle, América. Hizo el gesto de buscarlo en su navegador de GPS y me dijo desganadamente que nunca había oído hablar de dicha calle.


Palacio Presidencial


Me detuve frente al palacio López donde despacha el presidente desde 1890. Un hermoso edificio de la primera mitad del siglo XIX, obviamente propiedad original de la familia López, quienes tuvieron que suspender la construcción del local cuando los brasileños se apoderaron del país y lo convirtieron en su cuartel general.

Me sorprendió ver que el palacio no está amuralladlo y bien hubiera podido entrar a él si no estuvieran tres efectivos del ejército custodiándolo. Les pedí permiso para tomar una foto y muy amablemente, como me he encontrado a los paraguayos, me dijo que por supuesto.

Después fui a la casa de la independencia, una minúscula casa colonial rodeada de viejos y descuidados edificios. Ahí aprendí que Asunción se había molestado con Buenos Aires por unos impuestos que los locales consideraban excesivos, le pusieron al gobernador seis cañones frente a su casa y ahí terminó la fiesta colonial, sin un tiro. Los tiros vinieron después, en una cruenta guerra que mató a una alta proporción de los hombres de este país, cuatro veces Nicaragua en extensión y casi su misma población.

Casa de la independencia.


Llegué caminado a la Catedral. Encontré una abandonada plaza cerrada por una malla. Era evidente que la plaza había vivido mejores días. Árboles centenarios, muchos de ellos que consideraba patrimonio nicaragüense, incluso Sancuanjoches, adornaban el parque en medio de unas sucias pero bonitas aceras de ladrillos blancos y negros. Había estatuas de bronce, obeliscos y bancas de hierro en un espacio de trazas decimonónicas. Las aceras y los jardines estaban abandonados y llenos de hojas secas de los árboles y lodo. Le pregunté a un joven oficial de Policía que se encontraba tomando el infaltable mate, sobre el nombre de la plaza y porqué estaba rodeada de una malla. Sólo llego a decirme que no sabía cómo se llamaba, pero que estaba cerrada porque siempre venían unos indígenas a protestar.


Plaza de Armas

Un taxista oyendo la conversación sólo me dijo que era la Plaza de Armas.

Vi a mi alrededor y el ambiente era de decaimiento y abandono. El centro vibrante de la ciudad se ha movido a unos seis kilómetros, en una zona llena de edificios de vidrios, centros comerciales modernos, ventas de vehículos y lujosos hoteles. El perfil de Asunción, sin ninguna montaña, está sembrado de grúas erigiendo altos edificios, algunos de más de 40 pisos.

Nuevo centro de Asunción


Al corroborar que era el único con cara de turista por la zona del antiguo casco de la ciudad, decidí moverme hacia la famosa y cercana avenida España, a seguir mi búsqueda.

Sólo un taxista viejo y profesional me salva de esto, pensé. Tenía solamente 45 minutos para la primera reunión de la jornada y el tiempo se agotaba. Me dirigí al Panteón de los Héroes, un hermoso edificio neoclásico y enfrente de éste, había una fila de taxis amarillos.

Panteón de los Héroes


Me dirigí al primer taxi y corroboré que era un hombre mayor. Le pregunté por cuanto me llevaba al hotel de vuelta y acordamos el precio.


“¿Ando buscando la calle donde mataron a Somoza, usted sabe dónde es?”

“Yo soy el que más sabe de esto en Paraguay” me dijo.

Sonriendo ante lo que pensaba era una técnica de mercadeo, le dije que quería que me llevara al sitio del atentado antes de dejarme en el hotel.

Pedro Roa se llama, 56 años y estudiaba la primaria a unas 12 cuadras de la explosión. Las clases se detuvieron esa mañana del 17 de septiembre de 1980, alrededor de las 10 de la mañana. Dice Pedro que no logró ver el Mercedes Benz blanco, pero dice que, según testigos, aún estaba el motor encendido. El cuerpo del dictador destrozado, reconocible solo por su Rolex, que al igual que el vehículo aún funcionaba.

Me llevó en medio de una transitada calle España que según Pedro ha cambiado mucho desde 1980. El crecimiento de la ciudad por esa avenida la ha convertido en una interminable fila de negocios, tiendas, establecimientos y comercios. Después de un semáforo, me indicó una casa color rojo. Era, según él, la casa donde estaba el quiosco de periódicos, un sitio clave en la ejecución del atentado. Ahora existe una mediana pulpería. En ese sitio, cuando pasaba Somoza, un miembro del comando leyendo periódicos en el quiosco informaba el paso de Somoza por un radio portátil a la casa donde estaban los demás mercenarios, a unas ocho cuadras dirección opuesta al centro. “Blanco” era la seña y así le agarraron la rutina al objetivo. No tuvieron que pasar diez días para saber que entre las 8 y las 10 de la mañana tenía que ser el asunto.

La casa que ocupaban los argentinos del comando, ubicada en la misma Avenida España, había sido alquilada con tres meses de adelanto. Para ocultar las intenciones le dijeron a la dueña de la casa, que la querían para hospedar a Julio Iglesias y que no podía decirle a nadie.

El atentado había sido planificado por Tomás Borge y Enrique Gorriarán Merlo unos meses antes en el restaurante Los Gauchos de Managua. Gorriarán ya se había encargado de asesinar al GN Pablo Emilio Salazar en Honduras.

Por el hecho de nunca dedicarme a investigar el episodio del atentando a fondo, me había hecho creer que el quiosco de periódicos estaba en la acera enfrente de la casa alquilada, cuando en realidad distan unas 8 cuadras o más.

Croquis del atentado según un diario local


Según testigos e investigaciones, en la mañana del 17 de septiembre, miembros del comando conduciendo una camioneta provocó que el auto de Somoza se detuviera exactamente frente a la casa. Hugo Irrurzún disparó el primer cohete RPG-2 que no dio en el blanco. Gorriarán Merlo se encontraba parapetado en la verja de la casa, lo que le permitió ametrallar al Mercedes desde una corta distancia.

El segundo cohete vino después, que terminó acabando con todo. Como el cohete pegó del costado derecho casi desde atrás, la parte frontal del vehículo quedó intacta y con el motor encendido logró recorrer unos cuantos metros hasta detenerse en la acera, frente a la casa contigua, que en ese momento estaba en construcción.

Sitio del atentado, 1980 y 2024


El comando huyó a Argentina y Brasil. Irurzún regresó a la casa a traer unos dólares que habían olvidado y testigos lo reconocieron, lo que permitió su captura. Murió en manos de la policía paraguaya.

Al día siguiente nuestro amigo, Pedro el taxista, fue despertado de su siesta a punta de culatazos. La seguridad paraguaya estaba peinando todo el vecindario y pensaba que los mercenarios se habían escondido por ahí.

Le agradecí por su detallada descripción de los hechos, complementando su historia sobre lo que yo sabía de la familia Somoza, para que lo añada a su narrativa a futuros interesados.

Volví al sitio a pie, pues estaba cerca del hotel, a tomar unos videos y llegó, para mi gran suerte, Mónica Zub Centeno, la persona que más sabe del atentado en Paraguay. Mónica es Nica Paraguaya de orígenes ucranianos por el lado paterno y de Jinotega por el materno. Escribió el libro Somoza en Paraguay que a su vez es su monografía de graduación de licenciatura en Argentina. Llegó acompañada de la periodista Jennifer Ortiz quien la había entrevistado en el 2016 y quería hacerle una entrevista en el sitio. Para mi deleite, andaba su libro en el vehículo y me lo regaló autografiado. Con ella pudimos recrear con exactitud los hechos ya que teníamos, libro en mano, el croquis de un diario local del atentando y los relatos de los testigos que pudo recabar.

Sitio donde terminó el auto de Somoza, en 1980 y la actualidad. En la esquina superior derecha de la foto de 1980 se aprecia la fechada de la antigua casa donde se encontraban los argentinos.


La casa donde estaba el comando ya no existe. Nadie quiso nunca alquilarla, según Mónica quien entrevistó a mucha gente para su tesis. Ahora es el costado de una pastelería, ocupando un estacionamiento donde hay un camioncito de comida rápida que vende hamburguesas, todo debajo de unas viejas carpas plásticas.

Sitio donde se encontraba la casa alquilada por los mercenarios


Tenía nueve años cuando el atentado. Recuerdo que el gobierno Sandinista decretó tres días de celebración nacional, por el ajusticiamiento, cómo le llamaron. A la abuelita de mis vecinos, que rezaba todos los días el rosario, le oí decir a mis amigos, que no se debía celebrar la muerte de nadie. Esto lo recuerdo muy vívidamente, en contraste con el sentimiento en mi casa de saber que el causante de tanto dolor ya no era más.

Decidí buscar el sitio en parte por mi afición a la historia de Nicaragua.  Pero me atraía algo más.  Viviendo en el exilio ya por más de año y medio, quise ir a ese lugar que me conectara con Nicaragua.  Un espacio físico, que, aunque fuera del país, marcó un evento de mucha importancia para nuestra patria.  Con ese asesinato atroz, motivado por la venganza más que por razones políticas o militares, inició una nueva etapa de violencia.  Una guerra civil dentro del contexto de la guerra fría que llevó a Nicaragua al peor retroceso que ha tenido en su historia.  Ese atentado nos debe recordar cuanta sangre ha sido derramada por el poder en Nicaragua.  Este asesinato fue un episodio más de nuestra trágica y violenta historia, que esperamos pueda ser cambiada con justicia y democracia, y no tengamos nunca más a tener que recurrir a la violencia para resolver los asuntos políticos del país.

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Por Juan Sebastian Chamorro

Político y economista comprometido con el desarrollo y el futuro de Nicaragua. Académico visitante en políticas públicas en el Kellogg Institute de la Universidad de Notre Dame. Miembro del Directorio Político de la Concertación Democrática Nicaragüense Monteverde. Activista por la defensa de los Derechos Humanos y la Democracia. Preso Político de junio 2021 a febrero 2023. Precandidato a la Presidencia de la República. Director Ejecutivo de la Alianza Cívica por la Justicia y la Democracia del 2019 a enero del 2021 y Director Ejecutivo de la Fundación Nicaragüense para el Desarrollo Económico y Social FUNIDES. Director Ejecutivo de Macesa, Director General de la Cuenta Reto del Milenio, Vice Ministro de Hacienda y Crédito Público, Secretario Técnico de la Presidencia de la República y Director del Sistema Nacional de Inversiones Públicas.
Doctor (Ph.D) en Economía por la Universidad de Wisconsin-Madison, con especialidad en Econometría y Desarrollo Económico, Máster en Economía por la Universidad de Georgetown con mención especial en Políticas Sociales y Licenciado en Economía (graduado Magna Cum Laude) por la Universidad de San Francisco, California. Casado con Victoria Cárdenas y padre de Victoria Isabel.

Una respuesta a «Asunción, Paraguay y el sitio donde mataron a Somoza»

Tu curriculum academico es brillante ,pero esos recursos no han sido aprovechado politicamente. Digo esto porque tu responsabilidad en nuestra situacion politica social ha sido la creacion de este engendro del.mal q tenemos como .tiranos y que fuieste incapaz de visionarlo a tal punto quelos cowtos han sido altos para el pueblo Nicaraguense. Por otro lado como politico tenia q haber concluido en 2018 q la salida a la crisis pasaba por el paro nacional cuando la tirania estaba debil y lograron oxigenarlo con el dialogo. Luego el intento de participar en unas elecciones sin un carro politico, sin las mas minima condiciones y sin el retorno de.los exiliados.como garantia del voto fue otro craso error. Hoy pretender cometer los mismo errores queriendo llegsr a una negociacion para unas elwcciones en el 2026 pareciera q el unico interes de ustedes es el Gatopardismo para mantener el statuo quo de los poderes facticos. Nicaragua necesita de un liderazgo nuevos con una cultura politica que coloque a Nicaragua en el XXI con justicia , reparacion a las victimas y expropiacion a los q han usurpado el erario del estado a los corrupto y todo q huela a mal habido. Solo de esa manera podemos construir una nueva Nicaragua en paz y esperanza
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