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El juego de las sillas

Han transcurrido dos meses y medio de este año electoral; y la plataforma unitaria que debe aglutinar a la mayoría de las fuerzas de la oposición sigue siendo un objetivo.  Es la tarea pendiente de la que todos hablamos, pero que no logramos concluir.

Se ha avanzado poco en la plataforma. ¿La razón?  Ningún político ha dicho que no desee la unidad, así que falta de voluntad no es.  La mayoría de las fuerzas políticas de oposición han expresado su deseo de unirse.  Pero siguen enfrascadas en la lucha por tener más influencias; y se han esforzado más en debilitar al otro, y no reconocen que estas posiciones nos desgastan a todos.

¿Las diferencias impiden la unidad?  Nada nuevo.  Diferencias ha habido y habrán siempre, pero si en otras ocasiones las hemos podido superar, por qué no ahora.  Tenemos que aprender a hacer a un lado diferencias para lograr el gran objetivo común; que no es otro que consolidar la unidad.  Porque sabemos que solo unidos podemos derrotar a la dictadura y alcanzar el progreso social que merecen los nicaragüenses.

¿Qué no hay unidad por personalismos?  Se dice que los líderes y pre candidatos no pueden ceder.  Esto ya quedó descartado con la firma del documento “Unida Nicaragua Primero” donde 6 de los pre candidatos nos comprometimos a establecer un mecanismo participativo, plural y democrático para seleccionar al candidato único, dando así la certeza que habrá unidad al menos en lo relacionado con las candidaturas.

Además de las diferencias, otra razón que puede impedir la unidad, es que la elementos de la dictadura —mañosa como siempre— haya infiltrado las estructuras de la oposición; para evitar a toda costa que se unan.  Esto siempre lo ha hecho y los verdaderos opositores debemos estar atentos; porque Daniel Ortega es experto en soltar billete, amenazar o chantajear a más de algún zancudo para que haga su trabajo parasitario.

Unidad a través del diálogo

El principal obstáculo para la unidad de la mayoría de las fuerzas opositoras es otro. A pesar de que existen contactos informales, las partes no acaban de aceptar que el diálogo se hace para alcanzar un gran objetivo común; y no solo reivindicaciones personales o institucionales.

El nudo del problema radica en que mientras un grupo —del que soy parte— dice que debe haber reuniones bilaterales con las fuerzas de la oposición, el otro asegura que así no se vale; e insiste en que debe ser todos juntos o nada. Se han cerrado en que solo pueden reunirse como Coalición Nacional; y consideran que cualquier reunión bilateral es traición a los demás.

Creo que la unidad solo puede lograrse a través del diálogo. Un dialogo con todas las fuerzas políticas de oposición que dejando a un lado creencias ideológicas e intereses partidarios, coincidan en un Plan de País que tenga como objetivo guiar a Nicaragua en su tránsito de la dictadura a la democracia. Un programa que siente las bases para construir una Nicaragua con estabilidad, progreso social y sin presos políticos ni exiliados.

Para acelerar ese diálogo tan necesario y urgente, es importante reconocer la causa de fondo que lo impide. Debemos admitir que detrás de esta dificultad para acercarnos está la distribución de puestos en la Asamblea Nacional.

No hay sillas para tantos aspirantes

Es cierto que para conseguir el cambio que queremos debemos garantizar un Legislativo con una bancada fuerte y coherente que apoye al ejecutivo en la reconstrucción del país. Pero esa asignación de cuotas nos está haciendo olvidar que sin una unión opositora que ilusione y movilice a la población, no ganaremos la elección del 7 de noviembre. Y que sin las reformas electorales que recomienda la Organización de Estados Americanos (OEA), difícilmente tendremos elecciones libres y transparentes. 

Cuando éramos chavalos, en las piñatas jugábamos a la silla. Bailábamos o corríamos al son de la música; y cuando ésta se detenía, nos sentábamos apresuradamente para dejar afuera al otro.  Creo que algo así nos está pasando. Hay demasiados aspirantes a las sillas de la Asamblea Nacional; el problema es que no hay sillas para tanta gente.  Además, la situación se complica porque muchos no se conforman con estar en la lista; quieren ser los primeros del listado, porque esas son las posiciones ganadoras que garantizan la silla.

Esta es la esencia del problema que impide las conversaciones.  Cada parte debería aceptar que a la otra le toca dar algo, alguna silla.  Cada bloque quiere obtener un número de sillas mayor o igual al que conseguiría si participa solo en la elección.  Como dice el dicho, ver que sale mejor, ser cabeza de ratón en lugar de cola de león.

En eso nos hemos pasado estos meses, dando vueltas alrededor de las sillas.  Sin detener la música pero esperando la oportunidad para dejar al otro sin silla. El juego no es divertido y los espectadores —el pueblo— se está aburriendo de esta danza trivial frente a la gravedad del momento.

Unidos conseguiremos más sillas

Los diversos actores de la oposición debemos compartir la seguridad que la unidad nos garantizará más escaños en la Asamblea Nacional.  Si participamos divididos en la elección, tendremos que repartirnos migajas; además, permitiremos que Ortega siga en el poder, con el país sumido en la opresión y pobreza.

Para que el diálogo avance no se deben satanizar los encuentros bilaterales, ni los de bloque; porque hablando es que se entiende la gente.  Tenemos que hablar para conseguir la unidad inclusiva; pero también para generar confianza en la ciudadanía para convencida de que la electoral es la vía para la salida de Ortega nos apoye en ese proceso.

Hay que reconocer los pesos y el aporte de cada organización. Pero nadie debe atribuirse el derecho de ser el paraguas absoluto de la oposición. Debemos ser humildes y prácticos.

Tengamos cuidado y no nos dejemos someter por posiciones tradicionales y discursos vacíos de unidad, que provienen de dirigentes que han hecho de la política un modo de vida y subsistencia.

Si participamos en la elección del 7 de noviembre vamos a necesitar un ejército de unas 100 mil personas para defender el voto.  Ninguna organización tiene ese ejército, pero unidos sí podemos organizarlo. No perdamos el tiempo en la danza de las sillas. Sentémonos a buscar soluciones para el verdadero problema que tiene angustiada a la gente: cómo salir de la dictadura. No sigamos perdiendo tiempo, porque esté pasa y después será tarde para buscar soluciones.

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Por Juan Sebastian Chamorro

Político comprometido con el desarrollo y el futuro de Nicaragua.
Precandidato a la Presidencia de la República. Director Ejecutivo de la Alianza Cívica por la Justicia y la Democracia del 2019 a enero del 2021 y Director Ejecutivo de la Fundación Nicaragüense para el Desarrollo Económico y Social FUNIDES. Director Ejecutivo de Macesa, Director General de la Cuenta Reto del Milenio, Vice Ministro de Hacienda y Crédito Público, Secretario Técnico de la Presidencia de la República y Director del Sistema Nacional de Inversiones Públicas.
Doctor (Ph.D) en Economía por la Universidad de Wisconsin-Madison, con especialidad en Econometría y Desarrollo Económico, Máster en Economía por la Universidad de Georgetown con mención especial en Políticas Sociales y Licenciado en Economía (graduado Magna Cum Laude) por la Universidad de San Francisco, California.

2 respuestas a «El juego de las sillas»

Primero, eso de designar “diputados” en lista de partidos o bloques siempre ha sido de dedo y dudoso, no claro para Lis electores; entonces porque no elegirlos por departamentos y/o regiones, que se propongan en sus territorios y que sean precandidatos locales elegidos popularmente por la gente que los conoce y a quien se deben comprometer después de ganadas las elecciones; que desde luego pasa por estar primero unidos como fuerza opositora y con un candidato presidencial único que gane masivamente el 80% del electorado, así se podrá vencer a la dictadura.
Segundo, ACxL y CN deben poner con claridad ante el pueblo de Nicaragua el Plan de Nación que tanto mencionan y que nadie conoce, para coincidir no para imponerse. La transparencia política es clave y fundamental para afianzar la confianza de las bases indecisas que ven pasar el tiempo y que no cuaja la cacareada unidad tan necesaria como urgente para vencer; pero que se muestre a los ojos de la población.
De otra manera, el dueño del transporte electoral (Dictadura) seguirá controlando los taxis (vehículos) electorales, pues regula quien se monta a través de su regulador (CSE) y a que pasajero descalifica con sus lacayos en la Asamblea (AN) y sus leyes Draconianas.
Si vamos unidos ORMU tendrá que responder antes de Mayo.

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